Vida y cómo no desperdiciarla
Hay que hacer las cosas con intención. Si quieres perder el tiempo, piérdelo. Tíralo a la basura. Pasa días enteros mirando el techo y pensando en nada. Convéncete de que la vida es eterna (lo es) y en algún punto vendrán las ganas de hacer algo con ella. Pero no tiene que ser hoy, ni este mes, ni este año. Pierde el tiempo con ganas. No te voy a decir que la vida es corta y por eso debes llenarla de principio a fin con actividad frenética, metas ambiciosas y propósitos importantes. Si eso quieres hacer, genial. Ninguna de las opciones está mal. Lo que está mal es confundir ambos estados. Descansar sin descansar. Hacer sin disfrutar la acción.
¿Cómo evitar esa confusión? ¿Cómo descansar sin culpa y accionar sin duda o tedio? Primero tienes que conocerte lo suficiente como para saber qué quieres hacer, y actualizar esa información cada minuto. Porque lo cierto es que el cuerpo, la mente y el espíritu son caprichosos. Puedes tomar una decisión firme y una hora después todo tu ser quiere hacer lo contrario.
Digamos que tienes el privilegio de decidir no trabajar durante un año, solo descansar y contemplar y jugar. En ese caso, es muy posible que después de un mes, en medio del juego y la contemplación, te inunden unas ganas desenfrenadas de iniciar un nuevo proyecto ambicioso. Que la idea de seguir descansando te parezca una tortura y una prisión.
¿Por qué pasa eso? Porque lo que realmente necesitabas era el espacio mental suficiente como para revelar la acción correcta. La que nace de la verdadera inspiración y no del ruido ilusorio de lo que, supuestamente, deberías estar haciendo. La que hace que la vida se sienta más viva, más vívida. Por suerte, no necesitas todo un mes de libertad total para escuchar a tu ser más profundo y descubrir cuál es la siguiente acción correcta.
Solo necesitas hacerte unas cuantas preguntas.
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