Amor
Las relaciones románticas son la principal fuente de placer y dolor para la mayoría. Nuestra capacidad de sentir dolor es equivalente a nuestra capacidad de sentir placer (creo que esas dos partes del cerebro son bastante cercanas). Al huir del dolor, inevitablemente huimos del placer. No iniciar una relación por miedo a una eventual ruptura nos evita el dolor, pero también nos roba la experiencia de conexión y felicidad. El dolor no existe por sí solo: siempre contiene lo opuesto. La ruptura duele tanto precisamente porque el recuerdo de la felicidad (las palabras de amor, los besos, la conexión inexplicable) está demasiado cercano, demasiado vívido. Mientras esos recuerdos felices se alejan, el dolor se calma y, con suerte, abrimos espacio para nuevos momentos de felicidad que dolerán más adelante.
Ser consciente de esta realidad agridulce y aún así mantener el corazón abierto es un superpoder. Vivir al margen del amor, al margen de la vida, no es una opción. Aunque vayas por la vida con una armadura, con el corazón convertido en piedra, en cualquier momento una sonrisa particularmente amable puede destruir todas las paredes que te esforzaste en construir. Intoxicando el aire, quemando la ciudad entera, contaminando todos los mares y dándole una cachetada a Dios.
No hay escapatoria.
Todo el amor ya es tuyo. El amor es el fundamento de todo lo que existe. No puedes contenerlo o habitarlo porque no puedes existir fuera de él. Nada puede.
A pesar de esa verdad tan sencilla, los humanos contamos con una maquinaria brillante pero profundamente fastidiosa que complica el amor. Así que tenemos que examinarlo. Mejor dicho, examinarnos como vehículos de un amor puro o un amor distorsionado. ¿Para qué? Para disfrutar el amor con total consciencia de ello en lugar de tratarlo como un fantasma que no asusta. Tiene que asustar.
Empezar →
Preguntas
Pregunta 1
¿Cuál es tu definición personal del amor?
5 respuestas
Pregunta 15
¿Cómo imaginas a tu pareja ideal?
2 respuestas
Pregunta 16
¿Cómo imaginas tu relación ideal?
1 respuesta